06 julio 2012

Dando la Nota: Un furor sin la deacadencia que tanto me gustaba.

Escrito por | El 06 julio 2012 | 0 comentarios

Parece que esta temporada Antena 3 se ha dispuesto a quitarle el titulo de vende-motos a Calleja. Primero nos quiso vender que, El Numero 1 iba a ser lo nunca visto en televisión, innovador y fresco. Y ahora han vuelto a hacerlo con Dando la Nota, otro programa "Innovador". Esta palabra parece que viene en el libro de ruta de la cadena y la verdad es que no acabo de comprenderlo. No creo que tenga nada de malo comentar que uno es un talent show como mucho otros y Dando La Nota es como Furor. Para mí lo importante en estos tiempos, donde encontrar originalidad es prácticamente imposible, se encuentra en la calidad (o mejor en la falta de ella) y en el entretenimiento que puedan ofrecer los programas.


Este Furor renovado, pasado por chapa y pintura y bajo en calorías no me ha acabado de convencer. Para empezar los invitados, todos vinculados a la cadena, no era lo que me esperaba. Sí, son divertidos, están dispuestos a casi todo y cantan fatal, tres "virtudes" que deberían ser suficientes para este programa, pero estaban demasiado revolucionados, chillando todo el rato, no se enteraban de nada y aunque esto puede hacer gracia en un principio acaba cansando. El presentador hacia lo que podía, ver a Jaime Cantizano en otro registro siempre resulta atractivo, pero le falta algo de chispa. Sergio Alcover, el Dj del programa eligió algunos buenos temas, pero le falto poner algunos nivel verbena de pueblo, que hiciese todo más trasnochado. Con las pruebas y la tecnología usada pasa lo mismo que con los invitados, acaban cansando.


Pero lo que más eché en falta fue toda la decadencia que tenía Furor, tanto en la cuestión de los invitados (Sólo Carmen Lomana entraría en mi baremo decadente), como en la de la puesta en escena. Todo demasiado bonito, demasiado limpio e iluminado. Le falta, por así decirlo, la italianizacon que tenía el presentado por Alfonso Caparrós hace once años y también un buen catering etílico que acabe de animar a los invitados, que los ponga a tono o los hunda, pero eso sí, sentaditos y sin correr o estar chillando todo el rato. Sólo con ver sus caras y oírlos cantar debería ser suficiente.

Esto es lo que me apetecía ver ayer, quizá algo remozado, pero sin quitarle la nocturnidad que destilaba:

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